Sentí en mi cuello el peso
de una cadena de oro
que añadía el detalle
de dos corazones juntos.
Uno era grande y valiente.
Otro era aún miedoso,
más pequeño y más listo
por haber nacido joven.
Acaricié con mis dedos
la joya que era preciosa
y susurré a tu oído:
amor, yo te quiero mucho.
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todo esto que respondo:
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